La ansiedad al conocer los resultados de la lotería

Los términos que pertenecen al ámbito de la Psicología a veces son difíciles de usar. Más bien podríamos decir que su utilización es delicada. Solemos utilizar muy a la ligera, palabras como depresión o bipolar, cuando en realidad no es exactamente lo que queremos decir.

 

Ese mismo caso se da cuando usamos la palabra ansiedad. Este concepto puede ser utilizado de forma coloquial y de forma más científica, psicológicamente hablando. Y como aquí en Loterías Valdés convivimos cotidianamente con el nerviosismo de las personas que quieren conocer los resultados de la lotería y es por ello que nos parece interesante reflexionar en el uso de la palabra ansiedad en distintas formas y poder ofrecer un poco de información al respecto.

Distintos usos de la palabra ansiedad
Todos nos ponemos nerviosos o ansiosos de vez en cuando, puede ser al hablar en público, por ejemplo, o cuando tenemos problemas económicos. Pero para ciertas personas estos problemas de ansiedad son tan frecuentes o intensos que empiezan en cierta medida a afectar sus vidas cotidianas.

La cuestión es saber cuándo este nerviosismo se está haciendo cada vez más intenso y que puede cruzar la línea hasta convertirse en un auténtico desorden de carácter psicológico. La ansiedad existe en formas muy diferentes, puede presentarse como ataques de pánico, fobias y ansiedad social, y la diferenciación entre una ansiedad patológica y una ansiedad “normal” no siempre es fácil de realizar.

Otro elemento curioso respecto a la ansiedad es que usamos esta palabra a veces para sustituir un simple nerviosismo, cuando ansiedad es mucho más. Es un estado de excitación, de agitación intensa, que puede manifestarse de forma psicológica y fisiológica. Puede haber una influencia negativa en la salud cardíaca, dolores de cabeza, manos que tiemblan.

 

Pero es importante entender que la ansiedad no es una enfermedad que se desarrolla, se hereda o se contagie. Es más bien el resultado de un cierto tipo de comportamiento.

De forma más específica podríamos decir que en cierta medida creamos las condiciones fisiológicas, psicológicas y emocionales para estar ansiosos cuando nos comportamos de forma aprensiva, por ejemplo, cuando nos preocupamos o tenemos miedo. La ansiedad es el resultado de este comportamiento.

Todos sentimos ansiedad en cierta medida. Y es mucha la gente que tiene ataques de pánico al menos una vez en su vida. En ese sentido, la ansiedad no es mala por si. Es sólo un resultado de un comportamiento.

En el diccionario, la ansiedad se define como un estado de malestar y aprensión, una incertidumbre y miedo que se derivan de la anticipación de eventos reales o fantasiosos que se pueden presentar a futuro, representando un impedimento físico y psicológico para la persona que lo siente.

Cabe repetir que la ansiedad no es una enfermedad en este punto, sólo el resultado de un comportamiento aprensivo. El mejor ejemplo de este comportamiento es la preocupación.

¿En qué consiste preocuparse? En imaginar el peor escenario posible en cierta situación a futuro, es decir, consiste en ver que esa posible circunstancia futura puede causarnos a nosotros mismos o a alguien que queremos, un daño.

Este tipo de comportamiento genera ansiedad.

Y la ansiedad puede convertirse en un desorden, es decir, en algo patológico, cuando se convierte en un impedimento para el funcionamiento normal de la vida de una persona en el día a día.

Este desorden, que ya es considerado una enfermedad, merece una explicación a parte.

Pero la ansiedad en general no es algo de lo que debamos tener miedo. Es una respuesta normal ante algo que pensamos que puede lastimarnos. Y tener miedo es una parte vital de cómo funciona nuestro cuerpo para evitar ser herido y sobrevivir.

El problema es que una personalidad muy ansiosa percibe peligro en niveles más altos de los que objetivamente existen. Y ser excesivamente ansioso sí que genera un problema.

La enfermedad o trastorno de ansiedad
Ya hemos mencionado que la ansiedad es casi normal. Pero los trastornos de ansiedad son algo muy diferente. Se trata de un grupo de enfermedades mentales y la complejidad de sus manifestaciones le pueden impedir a quienes la padecen el llevar adelante su vida de forma normal.

Las personas que las padecen viven constantemente bajo la influencia del miedo y la preocupación, y ello puede restringir severamente sus actividades cotidianas.

Hay distintos tipos de trastornos de ansiedad, entre los que se encuentran los ataques de pánico, el trastorno de ansiedad social o fobia social, las fobias o miedos específicos y un trastorno generalizado de ansiedad.

Hay otras formas de caracterizar los trastornos de ansiedad, una de ellas es por la temporalidad con que se presenta.

La ansiedad circunstancial se caracteriza por aparecer en momentos de estrés y angustia muy específicos, por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido, la enfermedad de una persona cercana, un divorcio o separación, una intensa carga de trabajo, etc. Como el estrés es frecuentemente el precursor de la ansiedad, muchas situaciones estresantes pueden finalmente desencadenar en ansiedad. Normalmente, el descanso, el tiempo y la ayuda adecuada pueden evitar que la ansiedad se agrave.

La ansiedad crónica, que se caracteriza por síntomas que aparecen de forma intermitente en un periodo extenso de tiempo. No hay un estándar de cómo se presenta esta ansiedad, puede ser en periodos extensos de años o en periodos de meses. Pueden ser etapas largas con síntomas intensos o una sensación de miedo incapacitante a lo largo de toda la vida.

Ante este tipo de ansiedad, lo mejor es acudir a tratamiento psicológico adecuado y oportuno. No es algo que se deba minimizar ni dejar de lado. Y la discusión en torno al uso “ligero” del término ansiedad, sirve para en cierta forma enriquecer el conocimiento que se tiene sobre esta enfermedad.

 

Diferencia entre nerviosismo y ansiedad
Hablando de la ansiedad no patológica, es decir, la que se desencadena con un serio episodio de estrés, ¿podemos confundirla con simple nerviosismo?

Ambas son reacciones psicológicas ante una situación que sale de lo normal. Que es demasiado tensa, por ejemplo, cuando tenemos una carga de trabajo excesiva, cuando un estudiante en la escuela se enfrenta a un periodo de exámenes muy cargado, cuando en una familia varios miembros están enfermos…incluso un evento de carácter natural como puede ser un huracán, un terremoto, un periodo de sequía… todo ello puede causar estrés.

Este estrés es el que podríamos denominar “nerviosismo”. La ansiedad como ya hemos enumerado, tiene un alcance mayor porque afecta a la persona desde un punto de vista fisiológico y no sólo emocional.

 

Es fácil desconocer si estamos rebasando el simple nerviosismo y estamos entrando en un estado de ansiedad. ¿Cómo reconocerlo? Podemos detectar con algunos “síntomas” o manifestaciones claras, entre los cuales podemos enumerar:

⦁ Preocupación excesiva. En el caso de un trastorno de ansiedad, se manifiesta con pensamientos inquietantes y ansiosos todos los días, por al menos seis meses. Además, implica malestares colaterales, como cansancio extremo.

⦁ Problemas de sueño. Entre más intensa y más cercana a la ansiedad crónica es la ansiedad, más difícil es conciliar el sueño y tener un descanso reparador. De hecho, aunque se duerma aparentemente bien, el descanso no es reparador.

⦁ Miedos irracionales. Algunas formas de ansiedad no son generalizadas en el tiempo, sino que se enfocan a ciertos eventos concretos como, por ejemplo, viajar en avión o ver un ratón. Aun así, hay que poner atención a nuestras reacciones pues una ansiedad severa, si bien puntual, puede ser incapacitante.

⦁ Tensión muscular. Puede ser en el cuello, en la quijada, o en otra parte del cuerpo, pero la ansiedad seria siempre se refleja en una severa tensión muscular.

⦁ Indigestión crónica. A pesar de que no todos los problemas digestivos tienen que ver con ansiedad, la ansiedad muchas veces genera gastritis nerviosa y distintos problemas digestivos.

⦁ Miedo a hablar en público. Una persona simplemente estresada no sentirá pánico de hablar, en cambio la ansiedad puede resultar incapacitante en este sentido también.

⦁ Ataques de pánico, revivir momentos traumáticos y comportamientos compulsivos, son índices de una ansiedad severa. No todos los ansiosos los pasan, pero si se padecen, muy frecuentemente, indican ansiedad crónica.

 

 

Ansiedad vinculada a la espera de buenas noticias
Después de todo este análisis sobre el uso correcto o incorrecto, coloquial y médico de la palabra ansiedad, cabe repetirnos la pregunta de si es adecuado decir que cuando esperamos un evento alegre o agradable podemos sentir ansiedad.

La realidad es que sí. Imaginemos ese momento en que estamos preparando una gran fiesta de cumpleaños, una boda, o esperando el nacimiento de un bebé en la familia.

Es absolutamente común y normal que empecemos a enumerar escenarios terribles en que las cosas no salgamos como lo esperamos. Llueve. Los invitados no llegan. La música no se escucha bien… la fiesta será un desastre.

 

Esta serie de ideas que no se conectan con la realidad de lo que hemos planeado, son típicas de un episodio puntual de ansiedad derivado del estrés y el nerviosismo relacionados con el evento importante que esperamos o preparamos.

Se trata de episodios de ansiedad pues pueden provocarnos que se acelere un poco nuestro corazón, sudoración, tensión muscular, dolor de cabeza, entre otras manifestaciones fisiológicas.

No siempre es malo. Recordemos que esta reacción es parte de nuestro mecanismo ancestral de supervivencia. Además, cuando se trata del nerviosismo relativo a un evento feliz, posteriormente lo recordaremos inclusive con cierta emoción y nostalgia.

Esa pequeña ansiedad feliz, ese nerviosismo sinónimo de excitación y anticipación de algo bueno es precisamente el que conocemos en las administraciones de loterías.

Sobre todo, cuando se trata de sorteos que despiertan un estado de ansiedad colectiva, como el tan querido y amado sorteo de la lotería de Navidad.

Las personas desde que se acercan a comprar sus décimos están emocionadas y un poquito nerviosas. Este nerviosismo sube conforme la temporada navideña se instala: el frío aumenta, las noches se alargan, aparecen las decoraciones navideñas y hay una escalada de excitación relativa a ese billete que se compró con anticipación e ilusión.

El esperar el sorteo y el poder revisar los resultados se convierte en un mini episodio de estrés alegre, de nerviosismo ansioso que después puede traducirse en una feliz noticia (¿quién no querría ganar el gordo de Navidad?), o en una tarde de bromas y risas cuando no ganamos, pero compartimos el momento con familiares y amigos.

Este nerviosismo no escala a las dimensiones de la ansiedad como ya la hemos descrito, por el contrario, se trata de un momento de estrés casi divertido que es lo que hace que las personas, a pesar de no haber ganado, vuelvan a comprar. Es una emoción agradable.

Pero no por ello debemos dejar de reflexionar sobre el uso que hacemos de la palabra ansiedad y ayudemos, a nuestra propia forma a concientizar de los problemas que pueden causar los trastornos psicológicos reales, que afectan de forma intensa a muchas personas.

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