Cambios en el consumo, ¿te atreves a comprar la Lotería Online?

Todo lo que hacemos como seres humanos y sociales puede ser digno de un complejo análisis. Cada una de nuestras acciones puede estudiarse y de esta forma hacerse evidente cómo representa más de lo que aparenta.
En la sociedad contemporánea, ya se ha hecho casi impensable el vivir la vida sin comprar y vender productos y servicios. Desde que somos niños pequeños aprendemos que ésta es la forma de procurarnos satisfacción a nuestras necesidades.

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Sin embargo, al igual que la cultura, las costumbres (de la alimentación a los juegos de lotería) el consumo no es algo fijo, sino que cambia y se adapta a las características y necesidades de la población.
Aquí en Loterías Valdés, al contar con formas distintas de venta al cliente, hemos podido detectar estos cambios y ver cómo reconfiguran la manera en que las personas adquieren todo tipo de bienes y servicios, incluido un sencillo décimo de lotería. Por ello, vemos que resulta interesante el analizar un poco estas transformaciones y sus motivos y consecuencias.

¿Qué es el consumo?

El consumo es un importante concepto que permite la comprensión del comportamiento económico de un grupo social determinado. En términos teóricos se habla de consumo al referirse al valor de los bienes y servicios comprados por la gente. Es una suma o agregado en tiempo y espacio de los actos individuales de compra de los habitantes de una región, ciudad o país. Este factor es tan importante que en ocasiones puede servir como elemento fundamental para evaluar el desempeño económico de un país: se puede saber si la economía va bien o mal si se analizan el nivel y la dinámica del consumo local.
El propio consumo como variable económica puede dividirse de acuerdo a la durabilidad de los objetos comprados (durables, no durables, servicios), pero también se puede clasificar por las necesidades que los productos adquiridos satisfacen, de acuerdo a la escala de necesidades básicas, siendo lo primero la alimentación, posteriormente: ropa, casa, calefacción y energía, salud, transporte, muebles y electrodomésticos, comunicación, educación y cultura y finalmente, el entretenimiento.
Otra forma de analizar el consumo es el desglosar el hecho de que grupos de personas con ingresos en categorías diferentes tienen distintas estructuras de consumo, las personas con mayor ingreso gastan más en términos netos, pero la cantidad de dinero que dedican al consumo es porcentualmente menor a la que dedican las personas o familias con un menor ingreso.

Formas tradicionales de elegir y comprar productos y servicios

Si consumir es elegir y comprar el producto o servicio que dará satisfacción a nuestras necesidades básicas o culturales y de entretenimiento, podemos ir rastreando en los últimos doscientos o trescientos años cómo la forma en que las personas han determinado qué es mejor comprar y cuándo y cómo hacerlo.
De la selección en escaparates elegantemente decorados, los mercados de barrio, las recomendaciones de los vecinos y conocidos, a la negociación de precios directamente con los vendedores en el mercado, las formas que tenemos de decidir qué comprar van cambiando con los años.
A principios del siglo XX la mayoría de las transacciones comerciales se hacían en mercados ambulantes o pequeñas tiendas pertenecientes a cada barrio. Los productos se vendían “a granel”, incluso los alimentos como la harina o el aceite. No había tantos productos envasados de forma uniforme e industrializada. Los pequeños pasos de la publicidad para convencer a los consumidores de elegir uno u otro producto pasaban por el grafismo. La ropa, los zapatos, los muebles, eran elegidos directamente frente a un elaborado escaparate.

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Después, para el consumo llegaron varias revoluciones. En primer lugar, los grandes supermercados que cambiaron la forma en que se estructuraba la cadena entre productor y consumidores finales, la forma de ofrecer, acomodar, asignar precio e incluso pagar los productos. Y en segundo lugar, la publicidad que pasó de ser sólo gráfica y llegó primero al cine y el radio y finalmente a la televisión, invadiendo en cierta medida la intimidad de los hogares y modificando drásticamente los mecanismos de elección de productos y servicios.
Una revolución de estas mismas dimensiones es la representada por la llegada de internet. Internet representa a la vez el supermercado y la publicidad. Es un espacio en que pueden verse reseñas, opiniones, comentarios, ideas y recomendaciones de productos y servicios, pero también es el escaparate, la tienda e incluso el vendedor.
Esta gran modificación, drástica y repentina de la forma en que podemos elegir y comprar, se acompaña de otra: un deseo del público consumidor a volver al consumo local y diferenciado. Menos industrial, más cercano, más autóctono e inclusive artesanal.

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Cambios. Si hay algo que se mantiene en los patrones de consumo de las sociedades contemporáneas es precisamente que no permanecen estables y se van configurando de forma tal que reflejan realidades diferentes y en transformación.

Comercio electrónico: distintas formas y mecanismos

Si bien el medio online es ahora como lo decíamos una gran tienda y a la vez un gran escaparate publicitario, hay que reconocer que hay muchísimas formas en que pequeñas y grandes empresas ofrecen sus productos y servicios. Desde páginas web qué sólo sirven como presencia en internet de servicios que sólo pueden consumirse en el local físico (un restaurante, por ejemplo) a pequeñas boutiques que no poseen una tienda física y sólo venden online, pasando por los gigantes del comercio electrónico que ofrecen todo tipo de productos con entregas casi inmediatas, y también por espacios para la venta local, nacional e incluso internacional de productos artesanales únicos y muy especiales.
Para todos estos distintos mecanismos de buscar compras y ventas, existen muchísimas formas de presentarse ante el gran público. En pequeñas páginas en redes sociales (hay muchos reposteros, creadores de ropa y accesorios, entre otros que no poseen un sitio web como tal y que sólo ofrecen sus servicios en sus páginas de Facebook, por ejemplo), en sitios de e-commerce bien diseñados y que permiten la compra segura e inmediata de productos con distintas formas y mecanismos de pago, y de páginas web que tienen versiones móviles intuitivas y fáciles de usar que permiten que sus productos o servicios sean adquiridos desde el móvil con unos cuantos movimientos de dedo. La tecnología parece habernos no sólo alcanzado, sino rebasado nuestras más locas expectativas en cuanto a cómo podemos comprar lo que necesitamos y deseamos.

Comprar online: ¿un rasgo generacional?

Los millennials o milénicos, es decir, la generación de personas nacidas entre la década de los ochenta y la primera parte de los noventa del siglo pasado, son individuos que han nacido con una cercanía absoluta a la tecnología. Nacieron y crecieron observando el desarrollo abrumador de las redes de comunicación e información inmediata. No es nada anormal que en la actualidad, en que estas personas ya son adultas y por lo tanto consumidores activos, tengan una preferencia casi “natural” por las compras en internet, por la reserva de servicios online, por el uso de modos de pago virtuales. Internet es el ambiente más propicio para dirigirse a este público tan activo en redes sociales de todo tipo (de Twitter a Instagram) y que son más proclives a reservar un apartamento en un servicio tipo Airbnb que a viajar yendo a un hotel tradicional. Sin duda alguna los patrones de consumo contemporáneos, las compras online haciéndose cada vez más comunes y sencillas, se corresponden sociológicamente con las características de esta generación.

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Sin embargo, no sólo los miembros de esta generación se apasionan por la compra online. Personas mayores, incluso de la tercera edad, aprenden a usar de forma cotidiana los mecanismos y facilidades que internet ofrece para acceder a la compra de productos y servicios. La pregunta sin embargo queda en el aire… cuando no haya más personas que no hayan crecido acompañadas de internet, ¿desaparecerá el comercio fuera de la red? ¿Estaremos tan acostumbrados a las compras online que no accederemos de otra forma a productos y servicios?

Comercio global, ideas locales

Este enorme mercado global que representa el medio online, hace realmente dura la competencia para las pequeñas empresas locales, sobre todo en cuanto a productos que pueden provenir de muy lejos y ser más económicos que si se compran a la vuelta de la esquina. El comercio online puede mostrar un costado cruel para quienes no conocen o no saben cómo abrirse paso en el mundo de la competencia en la red.
Sin embargo, los productos locales, las ideas de servicios regionales y particulares de una región o de una ciudad (inclusive de un barrio) pueden abrirse paso en este mercado tan agresivo. Desde ideas sencillas como artesanía o productos del campo, orgánicos y diferentes, hasta ideas complejas como la interacción de actores sociales para la mejora de un barrio o de una ciudad, todo tiene su escaparate privilegiado en internet si se sabe hacer uso adecuado de la herramienta. De hecho, algunas ideas de productos y servicios que pueden encontrarse hoy en la web, se perderían en la nada de no ser por esta ventana al mundo.
También es verdad que negocios tradicionales (como una administración de lotería) han descubierto que tener una presencia en el medio online y ofrecer una forma directa de comprar sus productos en la web no hace “competencia” desleal a su tienda física, sino que refuerza su negocio, complementando sus ventas y ampliando su mercado.

Seguridad y confianza

Si hay un elemento que puede frenar a algunas personas antes de hacer transacciones online (compra, venta y reserva de bienes y servicios), es sin duda la desconfianza a perder su dinero por no ver “cara a cara” a la contraparte comercial.
Estos miedos, sin embargo, poco a poco se van diluyendo puesto que en la actualidad hay muchas medidas que permiten corroborar la legitimidad de un sitio web y la seguridad que éste proporciona para la realización de acciones de compra venta. Desde el uso del certificado de seguridad https (que asegura una web como sitio de comercio), hasta diferentes formas de bloqueo para para evitar cobros y pagos fraudulentos, cada vez es más seguro y confiable comprar o reservar productos y servicios online. Conforme las opciones para adquirir todo tipo de cosas en la web se multiplican y los tipos de tiendas online se hacen más variados y sofisticados tecnológicamente, con versiones móviles, apps, diseños agradables y responsivos, también se hacen más puntuales y exitosas las formas de ofrecer una transacción segura y de confianza a los compradores.

Comprar lotería online: fácil y contemporáneo

Millennials y personas de otros rangos de edad han redescubierto la lotería gracias a internet. Así mismo las administraciones tradicionales de barrio como nosotros han visto que es fundamental en la actualidad ofrecer un sitio reactivo y fácil de utilizar para la compra de décimos de lotería online. No es que la gente ya no vaya a las administraciones de lotería a charlar y escoger su número directamente, es que comprar vía web es mucho más práctico y sencillo. Además, es una costumbre contemporánea que se inscribe con el resto de cosas que a veces hacemos ya sin pensar desde nuestro móvil: pagos de impuestos, revisar cuentas bancarias, envío de información profesional, comunicación con compañeros de trabajo, clientes, empleados… Con esta misma facilidad, en esta tendencia de llevar nuestra oficina a todos lados en nuestro móvil, podemos de una manera sencilla apostar por nuestro número preferido al comprar un billete de lotería online. Rápido, fácil y muy contemporáneo.

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